Desde tiempos ancestrales, los tambores chamánicos se han utilizado para promover la curación gracias a su ritmo, así como para facilitar la autoexpresión. Las técnicas de ritmo terapéutico se han desarrollado durante miles de años en varias regiones del planeta, desde los curanderos Minianka de África occidental, hasta los chamanes de Mongolia.

Investigaciones actuales sobre los efectos terapéuticos de las antiguas técnicas rítmicas sugieren que tocar el tambor puede acelerar la curación física, ya que ayuda a estimular el sistema inmunitario y a producir una sensación de bienestar. Además, permite liberar traumas y bloqueos para restablecer el equilibrio físico, mental y emocional.

Otros estudios muestran que los pacientes con Alzheimer que tocan el tambor de forma cotidiana se sienten más calmados y enfocados. Un efecto similar ocurre en adolescentes con trastornos emocionales o niños con autismo.

Tocar con tambores chamánicos forma parte de la terapia vibracional de Carles Galceran con beneficios demostrados para disminuir los niveles de estrés, la fatiga o la ansiedad. Además, es un excelente complemento en tratamientos para controlar el asma, la hipertensión, la artritis y algunas enfermedades crónicas. A su vez, también se emplean con éxito en pacientes que sufren enfermedades mentales, migrañas, cáncer, enfermedad de Parkinson y diversas patologías físicas.
 

El sonido de los tambores chamánicos para mejorar nuestra calidad de vida

 
Sabemos que el dolor crónico tiene un efecto negativo en la calidad de vida de las personas. De hecho, hay investigaciones que sugieren que tocar el tambor puede ser un buen complemento para paliar el dolor físico o los bloqueos emocionales. De hecho, el ritmo y cadencia del tambor chamánico promueve la producción de endorfinas y opiáceos endógenos y, por este motivo, se emplea como un medio natural para calmar el dolor.

Una investigación médica llevada a cabo recientemente encontró que los círculos de tambores también pueden estimular el sistema inmunitario. El estudio, dirigido por el médico especialista en cáncer Barry Bittman, muestra que la percusión ayuda a aumentar las células del organismo humano y es capaz de combatir y eliminar enfermedades víricas.